Tema: La sexta maravilla
Bjorn Borg no acudió a la cita con su sucesor. Declaró su agenda completa. Ni rastro de sus canas en París para felicitar al tenista que le iguala en número de títulos sobre la capital de la 'arcilla'. Rafael Nadal sumó su sexta corona tras reducir a Roger Federer por quinta vez, la cuarta en una final, por 7-5, 7-6(3), 5-7 y 6-1, en tres horas y 40 minutos, para añadir a su palmarés un décimo título de Grand Slam, tantos como el gran 'Big' Bill Tilden, y conservar el primer puesto del 'ranking' al menos hasta el lunes después de Wimbledon (por 45 puntos). El reto más difícil del mundo para un tenista, derrotar al balear en la Philippe Chatrier, sigue siendo la cuenta pendiente del que dicen es el mejor tenista de todos los tiempos. No lloró esta vez, como en la final de Australia 2009 con Rod Laver de testigo. Ninguna emoción aparente. Será la costumbre de la derrota
La lección magistral de Federer duró aproximadamente 40 minutos. Un curso acelerado de servicios, derechas y voleas, sin apenas errores con el revés, por donde acostumbra a desangrarle Nadal. Durante ese tiempo, el suizo supo mandar desde el fondo de la pista, impedir al campeón acomodarse para golpear con su 'drive'. Pura armonía, un violín en la raqueta, Fred Astaire en las zapatillas, 5-2 en el marcador, punto de 'break' y de set. Después se le escapó una dejada. Cuestión de milímetros. Y entonces todo cambió para devolver el orden natural a la 'arcilla' de París.
La armonía se transformó repentinamente en disonancia. La paz interna, el nirvana en que se supone vive Federer desde que en 2009 quedara en paz con Roland Garros, con la Historia, dio paso al bloqueo mental, a un ataque de estrés. Que viene el lobo. Federer jugó el noveno juego (5-3) con segundos servicios, y Nadal, depredador por instinto, se lanzó al cuello, o a su revés, el que tan bien le había funcionado ante Djokovic en las semifinales.
La lección magistral de Federer duró aproximadamente 40 minutos. Un curso acelerado de servicios, derechas y voleas, sin apenas errores con el revés, por donde acostumbra a desangrarle Nadal. Durante ese tiempo, el suizo supo mandar desde el fondo de la pista, impedir al campeón acomodarse para golpear con su 'drive'. Pura armonía, un violín en la raqueta, Fred Astaire en las zapatillas, 5-2 en el marcador, punto de 'break' y de set. Después se le escapó una dejada. Cuestión de milímetros. Y entonces todo cambió para devolver el orden natural a la 'arcilla' de París.
La armonía se transformó repentinamente en disonancia. La paz interna, el nirvana en que se supone vive Federer desde que en 2009 quedara en paz con Roland Garros, con la Historia, dio paso al bloqueo mental, a un ataque de estrés. Que viene el lobo. Federer jugó el noveno juego (5-3) con segundos servicios, y Nadal, depredador por instinto, se lanzó al cuello, o a su revés, el que tan bien le había funcionado ante Djokovic en las semifinales.
Apareció la derecha en carrera de Nadal y se multiplicaron los errores de Federer con el reverso de su raqueta para neutralizar el 'break' temprano del tenista de Basilea. Dos juegos consecutivos en el marcador español bastaron para nublar definitivamente la inspiración del número tres del mundo e iluminar al número uno, que lo será ya hasta el lunes después de Wimbledon para sumar 102 semanas en total al frente del 'ranking', una más que Andre Agassi. Finalmente fueron siete juegos seguidos de un tirón. Nadal había conducido el duelo a su territorio y Federer, como por contagio, añadió a su derecha la imprecisión de su revés. Primer set para el defensor del título y 2-0 en el inicio del segundo.
Disminuyó entonces la carga energética en la pista y en la grada, un año más decantada del lado de la estética. Nadal, que siempre rinde mejor con marcadores ajustados, que se alimenta de la electricidad que lo rodea, bajó la intensidad de sus golpes. Al tiempo, al verse perdido, Federer liberó de presión su muñeca y en el octavo juego recuperó la ruptura de servicio en contra. El noveno y el décimo se resolvieron también con 'breaks', el último en contra de Nadal después de los 12 minutos de interrupción por la lluvia, que finalmente respetó la final.
El suizo, sin embargo, echó por tierra todo el trabajo en el desempate. Cuatro errores casi consecutivos con su derecha despejaron el camino a Nadal para situarse a un parcial del título.
Para entonces la excitación general se había reducido a un murmullo. Otra final resuelta en tres sets, pensó la mayoría. Menos Federer, que durante unos minutos volvió a interpretar las notas que sólo su instrumento produce. Fue en el séptimo juego del tercer set. Tras ceder en blanco su saque, lo recuperó inmediatamente también sin conceder un punto. Nadal dudó, porque todos los problemas sufridos no quedan tan lejos, y resucitó el encuentro.
Para ese momento, el reloj había superado las tres horas de juego. Nadal se vio en el inicio de la cuarta manga con tres puntos de 'break' adversos. Los levantó con la resistencia de su revés, la contundencia de su derecha y un 'ace'. Otro golpe duro para Federer, que entró en barrena. El duelo había traspasado la frontera tenística para adentrarse en la lucha física, donde el suizo carece de armas. Nadal lo metió en la trituradora, aceleró el paso y con una derecha a ninguna parte de su oponente cerró un capítulo más de su leyenda.

* Por muy alta que sea una colina siempre hay un sendero hacia su cima.*
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