Tema: Impecable Nadal
Liam Broady tiene tan sólo 17 años. Tal vez, si continúa la progresión que le ha llevado año a disputar la final de la prueba júnior, no tendrá a Rafael Nadal de por medio cuando esté listo para jugar en serio con los grandes. Quien no se consuela es porque no quiere. Los británicos ya han empezado a seguirle la pista, no vaya a ser que Murray acabe por convertirse en el nuevo Tim Henman, que se quedó cuatro veces en las semifinales de Wimbledon. Fred Perry, a quien se supone en línea directa con el Altísimo, debe seguir rezando ahí arriba para encontrar cuanto antes un sucesor. Su tercer título, el de 1936, sigue siendo una fecha de algún modo fatídica para el tenis de este país. Incluso Bunny Austin, finalista en 1938, aún aguarda que alguno de los 'pross' reserve plaza el segundo domingo en la Catedral.
Nadal volvió a frustrar las ilusiones de la hinchada local, enloquecida cuando su chico tomó ventaja haciéndose con el set inicial, el primero que lograba en los tres enfrentamientos con el español en este torneo. Murray aprovechó un mal juego del español con su servicio para disparar el entusiasmo en la Central, quien empezó a creer que a la tercera sería la vencida. Recién desposeído 'in pectore' del número uno del mundo, que lucirá por primera vez Novak Djokovic gracias a la victoria contra Jo-Wilfried Tsonga en las semifinales, Nadal atendió a las ocupaciones inmediatas y más importantes, pelear por disputar su quinta final de su Grand Slam favorito y buscar el tercer título, el que sería su undécimo 'major'. Su victoria por 5-7, 6-2, 6-2 y 6-4 en dos horas y 59 minutos le permitirá desafiar el domingo a Djokovic por quinta vez este año, y por quinta vez en la lucha directa por el título en 2011. El serbio ganó las cuatro anteriores, pero aún espera vencerle en una competición de máximo rango.
"Es un sueño estar en la final de nuevo", dijo el defensor del título tras sumar su vigésima victoria consecutiva en el torneo. "Me siento triste por Andy, en serio, merecía estar en la final. Le deseo lo mejor para el futuro y en el US Open". Nadal se marchó satisfecho con la imagen ofrecida. "Jugué muy bien, sólo así puedo ganar a Murray", valoró. "Él cometió un error importante con 15-30 y 2-2, uno de los momentos que cambiaron el partido".
Murray quedó condenado con aquella derecha larga en el cuarto juego del segundo set. 7-5, 2-2, 15-30 y servicio de Nadal, el zurdo rescató con su revés una pelota del subsuelo que sólo pudo dejar a media pista. La grada festejaba la posibilidad de dos pelotas de 'break', que situarían al de Dunblane a un paso del 3-1 y servicio. Hubo el griterío suficiente como para que a éste le pudiera la ansiedad y enviase la pelota larga. El clamoroso error iba a perseguirle toda la tarde, ante un Nadal cada vez más firme en su juego y convencido de que volvería a ser el ganador, como en las semifinales del pasado año, como en los cuartos de 2008, como ya en 12 de las 16 ocasiones en que se han enfrentado.
Desde entonces hasta la conclusión del segundo parcial, Murray únicamente lograría dos puntos, en contraste con 14 errores no forzados. Siete concedió Nadal en todo el encuentro. Tres rupturas consecutivas del manacorense y un total de siete juegos situarían el partido en un punto sin retorno, ya con el defensor del título con una ruptura arriba en el tercero.
Nadal, con enorme presencia en la cancha, firme, rápido, seguro, acabó por hacerle perder por completo la guía del partido, la que había tomado gracias a su gran regularidad en el servicio, casi siempre sobre el revés el español para abrirle después con un golpe hacia su derecha. Con mayor intensidad en su juego según avanzaba el encuentro, tomó pronto ventaja en el cuarto y salvó las dos pelotas de 'break' con las que su rival intentó igualar a dos. En esa trinchera del cuarto 'game' se le fueron sus remotas opciones, con una derecha larga, en el tercer punto de partido en contra.
En el que será su último partido en la segunda etapa como número uno del mundo, que ha prolongado durante 102 semanas, Nadal tendrá la oportunidad de convertirse en el segundo hombre de la era profesional que logra ganar tres veces Roland Garros y Wimbledon en el mismo año, lo que ya consiguió Bjorn Borg, presente ayer en el palco de autoridades, entre 1978 y 1980. Al otro lado, en el traslado de poder, estará Novak Djokovic, en busca de lograr su primer título en estas pistas, una victoria que refrendaría como ninguna otra el estreno de tan ansiado dorsal.

* Por muy alta que sea una colina siempre hay un sendero hacia su cima.*
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