Tema: Guapo, rico, famoso...y también cariñoso
Uno de los momentos cumbre de la visita de Cristiano al Centro Navas de Tolosa de Discapacitados Intelectuales se produjo cuando Amador, un chaval con un cuerpo tan grande como su corazón, se dirigió al crack en estos términos. "Mira Cristiano, tú eres el número uno, mejor que Messi. Pero respóndeme, por favor: ¿Vamos a ganar este año al Barça?". El jugador-bandera del proyecto de Mourinho se dirigió a él con una mirada cómplice, le pasó su hercúleo brazo izquierdo por encima de su hombro derecho y le respondió: "Tranquilo amigo, este año ganaremos al Barça".
Amador irrumpió en un estallido de júbilo como si hubiese asistido a un gol de Higuaín o Benzema en el Bernabéu. Estaba tan feliz que se dirigió, en plan líder total, a sus 51 compañeros del centro para arengarles de esta guisa. "Ahora vamos a cantar todos el himno del Madrid". Y lo hizo, sin cortarse un pelo, recitando las estrofas del himno de las mocitas madrileñas con una precisión admirable. El 7 se entusiasmó con el empeño del chaval y también se puso a cantar con él. Jorge Mendes le miraba alucinado: "Hacía tiempo que no veía así a Cristiano. Él también es un niño grande y se emociona con estas cosas".
Sagrario Balmaseda, la responsable del centro, entregó unos regalos al portugués, elaborados por los propios alumnos (aunque no sabían para quién iban dirigidos).
Rumba. Otro de los afortunados que pudo estar presente en la visita-sorpresa de Cristiano al Navas de Tolosa fue Dioni, el cerebro del conocido grupo Camela, que es el segundo de España que ha vendido más discos en los últimos quince años con su famosa tecno-rumba. Dioni, madridista confeso, conoció personalmente a Cristiano y luego dejó a AS una perla: "Este es el barrio de nuestro querido Raúl, pero hasta que pueda visitarnos en el futuro es un lujo inolvidable que haya venido hasta aquí el mejor futbolista del mundo. Cristiano se ha ganado nuestro corazón para siempre".

San Cristóbal de Los Ángeles es un barrio humilde y obrero del sur de Madrid. Junto a las vías del ferrocarril se encuentra el Colegio Navas de Tolosa, en el que un tal Raúl González Blanco acudió a sus clases hasta que con 17 años el fútbol y el talento le llevaron al estrellato y los focos del Bernabéu. En un ala lateral del colegio, hace años se creó un espacio para atender a 52 chavales y adultos con discapacidad intelectual. Un total de 17 profesionales cuidan a estos afectados para mejorar su autonomía personal, frenar su deterioro físico y psíquico y mantener y mejorar su entorno familiar.
El pasado jueves, a eso de las 15:35 horas, apareció en el Aula de Educación Cristiano Ronaldo. Los profesores no les avisaron de la ilustre visita para evitar que se alterasen emocionalmente. Cristiano llegó con una sonrisa diáfana y sincera que los chavales tardarán en olvidar. Uno de ellos le miró perplejo, primero, y entusiasmado, después: "¡Dios, mío, es Cristiano Ronaldo!".
Amador se lanzó a él como si acabase de encontrar la luz que buscan todos los alumnos de esta escuela patrocinada, sin ánimo de lucro, por AFANDICE (Asociación de Familia de Niños Diferentes con Cuidados Especiales). El portugués se abrazó a él sin titubear un momento. Luego se dirigió al resto. "¿Qué tal estáis? ¿Tú eres del Madrid?". Un joven de 22 años, pero con la ingenuidad de un niño de tres, le dijo: "Cristiano, yo soy del Atleti, pero tú eres el mejor...".
Emocionado. El crack portugués mostró su lado más humano y cariñoso a medida que fue visitando las aulas y las zonas de trabajo de esta escuela acostumbrada a vivir y trabajar en el anonimato. Se emocionó un par de veces y le repetía a Mendes, su amigo y representante, "Jorge, esto es muy duro, pero estos chicos son increíbles. Se merecen todo lo que hagan por ellos".
Sagrario, la directora del Navas de Tolosa, le fue enseñando el gimnasio, la Sala de Estimulación Sensorial y el Aula de Informática. Durante 43 minutos, Cristiano se olvidó de la presión diaria del fútbol de élite y de su fama autoproclamada de deportista "guapo, rico y el mejor". Cristiano recordó su infancia dura y austera en Funchal. Y regaló algo impagable a estos críos discapacitados: ilusión y una sonrisa

* Por muy alta que sea una colina siempre hay un sendero hacia su cima.*
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