Tema: Academia de gritos
" Los gritos han alcanzado un nivel inaceptable. Eso es, sencillamente, una manera de hacer trampa. Hay que hacer algo", declaró, indignada, Martina Navratilova tras escuchar de nuevo en directo, como ya había hecho en Roland Garros, los berridos de Michelle Larcher de Brito, una portuguesa por entonces de 16 años capaz silenciar las cuerdas vocales de Maria Sharapova. Dos años después, no tanto por respeto al reglamento sino por deferencia con los aficionados, que también se quejan, los rectores del tenis femenino (WTA) se han decidido a estudiar el asunto y ponerle remedio.
De Brito, como Sharapova, Victoria Azarenka o Monica Seles, una de las pioneras en alzar la voz más de la cuenta, tienen en común un punto de partida, una adolescencia en una academia de Bradenton, en Florida, escuela de campeones que aún dirige en cuerpo y alma, a sus 80 años, bronceado impecable, Nick Bollettieri. Entienden algunos que quejidos así sólo podrían justificarse sentando en la grada a Jason con su sierra eléctrica en un viernes 13, y como esto no ha sucedido aún, sospechan que es el técnico de Florida quien fomenta esta práctica para ocultar al rival el sonido de la pelota al contactar con la raqueta e impedirle así reconocer el tipo de golpeo.
"Es parte de mi juego. No trato de despistar a nadie, es sólo una parte de mí, de lo que soy. No puedo cambiarlo y no pienso hacerlo", se defiende Azarenka. "Yo creo que algunas lo hacen a propósito. En los entrenamientos no gritan", valora la número uno del mundo -lo será al final del curso independientemente de lo que suceda en Estambul, donde esta semana se disputan las finales de la WTA-, Caroline Wozniacki, tras caer ante Vera Zvonareva, por 6-2, 4-6, 6-3, y dejar su clasificación para las semifinales pendientes del encuentro ante Petra Kvitova. "Creo que podrían controlarlo. Hay sonidos que no molestan, como por ejemplo el de Rafa [Nadal], porque notas que lo usa para liberar la fuerza, pero si gritas muy alto, tu rival no puede escuchar la pelota, la manera en que has golpeado. Confunde, porque a lo mejor escuchas un grito muy fuerte y por tanto crees que la bola vendrá muy rápido cuando en realidad viene lenta. A la gente tampoco le gusta. Algunos me dicen que bajan el volumen de la televisión".
Y que los aficionados prefieran no escuchar sí es motivo de preocupación para el negocio. Stacey Allaster, presidenta y directora ejecutiva de la WTA, declaró en Estambul que no tiene sentido cambiar los métodos de tenistas que llevan toda su vida entrenándose de una manera, así que su objetivo se centrará en concienciar a técnicos y profesores de las escuelas para acabar con esta costumbre. Como primera visita han elegido la IMG Tennis Academy, la de Bollettieri, que siempre ha negado recomendar el grito exagerado a sus tenistas. "Es algo natural", sostiene. "Yo prefiero llamarlo exhalación". Una exhalación que en el caso de De Brito genera los 109 decibelios, 101 en el de Sharapova, 95 en el de Azarenka y 90 en el Serena Williams. El rugido de un león oscila entre los 110 y 130. Un informe de la Organización Mundial de la Salud establece en 70 decibelios el límite máximo deseable. A partir de esta cifra se considera contaminación acústica.

* Por muy alta que sea una colina siempre hay un sendero hacia su cima.*
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