1

Tema: La grandeza del guerrero

Se hace difícil observar a Rafa Nadal en la derrota. Lo pensaba el otro día viéndole caer fulminado por Roger Federer y recordando los duros castigos que ha recibido esta temporada de manos de Novak Djokovic. Verle perder produce todavía un cierto equívoco, una sensación de extrañeza, de irrealidad, la que tiene la claudicación de un superhéroe. Llegará el día en que todos debamos resignarnos a que el tenista de Manacor ya no vuelva a ser Superman y quede convertido para siempre en Clark Kent, pero no tiene ningún sentido adelantar acontecimientos. Y menos con un deportista que lleva 25 años conjugando el mismo verbo cada vez que se levanta de la cama por las mañanas: aguantar. Lo acaba de decir su biógrafo, John Carlin. «Rafa siempre dice que en la vida tiene que aguantar mucho. Aguantar el dolor, aguantar el cansancio, la terrible presión de un partido, el acoso de la prensa, de los fans, de los patrocinadores...».
Cuando uno comparte el presente con un campeón de talla universal acaba siempre haciendo proyecciones de futuro e imaginando cuál será el lugar que ocupará en la historia. De ahí que abunden tanto las listas y las clasificaciones por orden de méritos y de importancia. La verdad es que nos pirran los escalafones, nos chiflan los rankings. No sé cuál es el resorte mental que nos empuja a establecer tantas y tan variadas jerarquías, pero sin duda es muy poderoso. A Nadal, por ejemplo, se le lleva preguntando toda la vida si será el mejor tenista de todos los tiempos, si superará a Federer en victorias del Grand Slam o quedará por debajo del suizo o incluso de otros que todavía le superan en títulos como Pete Sampras, Roy Emerson, Rod Laver o Björn Borg. Aunque me encantaría que batiese todos esos récords, reconozco que la cuestión no me importa demasiado.
Soy de los que cree que dos, tres o cuatro títulos más no cambiarían en nada lo que ha supuesto Rafael Nadal como deportista. Su legado sería el mismo con 8 torneos del Grand Slam que con 10 o con 15. Porque la huella que está dejando este chico tímido y sencillo, criado en una de esas familias de fuste donde tonterías se permiten las justas, no sólo tiene que ver con sus éxitos sino, sobre todo, con la forma de conseguirlos. Hay algo de salvaje y fascinante en su afán de superación, en la manera en que explora sus límites, en su determinación para aguantar y aguantar y aguantar hasta acabar derribando torres más altas que él. No es extraño que le admiren en todo el mundo. Los valores que representa son universales.
Tuve la suerte de presenciar en directo la final de los Juegos de Pekín que le enfrentó con Djokovic. Como tantas otras veces, salvo en la tierra de Roland Garros, el rival de Nadal parecía superior a él. El serbio sacaba mucho mejor, restaba mejor, golpeaba de derecha con más potencia, su revés era más profundo y se movía con la pista con la misma velocidad. Esta impresión, que quedó desmentida parcialmente en el primer set, se convirtió en una certeza en el segundo, cuando Djokovic se desató. Sus derechazos eran como los rayos de Zeus. Pues bien, fue justo eso, una fuerza inmensa que llegaba del cielo, lo que detuvo Nadal, cuando nadie daba un duro por él, en un tercer set para la historia.
Fue una experiencia inolvidable ver cómo poco a poco, pasito a pasito, centímetro a centímetro, aquel guerrero moribundo iba levantándose, agarrando la espada que había perdido, creciendo, agigantándose. Fue emocionante ver cómo iba aprovechando la fuerza del rival en beneficio propio hasta acabar desesperándole y tumbándole. Aquel día presencié, en su máxima expresión, la grandeza de Nadal en la victoria. Esta temporada nos ha tocado comprobar varias veces su grandeza en la derrota. Y aunque siempre nos duela verle perder y todavía nos parezca algo raro y un poco irreal, no puede dejar de alegrarnos comprobar que es exactamente la misma.

http://www.elcorreo.com/vizcaya/noticias/201111/24/Media/nadal-rolandgarros--300x180.JPG

*************************************************************
* Por muy alta que sea una colina siempre hay un sendero hacia su cima.*
*************************************************************

Thumbs up Thumbs down