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Tema: Un triunfo para la leyenda

Es el sello de los campeones: el argentino Juan Martín Del Potro tiene tres puntos para propinarle un 8-0 (6-1, 1-0, 40-0) a Rafael Nadal. Parece imposible, pero está ocurriendo. En el cuarto cruce de la final de la Copa Davis, el tandilense domina el duelo de derechazo en derechazo. El mallorquín está más tieso que la mojama. Puede elegir entre la dimisión y el sufrimiento. Su mito, claro, descansa sobre episodios como este: Nadal gana cinco puntos seguidos sobre el saque de Delpo (1-6 y 1-1 para recuperar el break cedido), extiende la brecha a 11 de los siguientes 15, y entonces, tras 1h 23m (¡1h23m!) gana su primer saque de todo el partido. Debe ser el trampolín desde el que reconducir el duelo. Ahora o nunca. En media hora, Nadal transforma la pesadilla en esperanza, la noche en amanecer y la derrota segura en victoria: increíblemente, iguala el encuentro (1-6, 6-4) entre un griterío enfervorizado que ya no le abandona camino de la victoria (1-6, 6-4, 6-1 y 7-6) y de la quinta Ensaladera para España, que tumba 3-1 a Argentina.

Los dos rivales compiten entre el olor de los churrascos quemados y el humo negro de las planchas de las cocinas. En Sevilla, suenan las palmas españolas y rugen las gargantas argentinas. Del Potro nunca vuelve a ser el mismo desde que pierde su ventaja. Lucha con una pierna vendada y los pulmones zaheridos por las 4h45m del duelo que disputó el viernes contra David Ferrer. Nada refleja mejor su desánimo que la transformación de Nadal en el servicio. El español solo suma el 24% de los puntos disputados con su primer saque en la manga inaugural. No logra sumar un parcial con ese arma hasta el segundo set. Desde que recupera la desventaja, suma hasta cinco juegos en blanco, glorioso e imperial, sin ceder ni un solo punto, con Del Potro desencajado, rota el alma y el deseo por la oportunidad desaprovechada, pero sin rendirse nunca, mayúsculo y tremendo en su calidad y esfuerzo.

Cuando el mallorquín va por detrás en el marcador, ve solo un peaje en la autovía hacia la victoria. Cuando va por delante en el luminoso, ve por delante una autopista. Una estadística lo demuestra: a la que cada contendiente tuvo un set en la mochila, Nadal, dolorido en una rodilla, devoró el partido. Ganó 13 de los primeros 16 puntos del tercer set (1-6, 6-3 y 3-0), 39 de los 50 que vio esa manga, y se lanzó a por el triunfo.

Antes de eso, sin embargo, está el Nadal de la primera manga, que malinterpreta a Del Potro. Su pelota, como había anunciado Toni Nadal, su tío y entrenador, carece entonces de la altura necesaria para molestar al gigante argentino. Lejos de encontrarse con el famoso liftado del mallorquín, el tandilense se cruza con la pelota a la altura de su cintura. Es como ofrecer un sacrificio al más terrible de los monstruos mitológicos. Una y otra vez, Delpo machaca y machaca su derecha. Una y otra vez, Delpo aprovecha que Nadal juega corto, como si en la línea del cuadro hubiera una frontera invisible. Una y otra vez, Delpo, fortísimo, domina el juego y a Nadal, parado de piernas, seco de movimientos y sin ideas. A todo eso, el mallorquín le añade un servicio extremadamente deficiente. Es un cóctel para el fracaso. Es la prueba de lo que separa a Nadal del resto: lejos de fijarse en el marcador, lejos de centrarse en que no ha ganado ni uno solo de sus servicios, atiende a que ha tenido ocho bolas de break, tantas como su contrario, y a que ya ha pasado 1h1m de partido, veneno para Del Potro, que nunca se rindió, que jamás dijo basta.

Una vez cerrada la herida del marcador aparece un Nadal distinto. Baja la pelota con el revés cortado para que Delpo (1,98m) incline el espinazo. Aprovecha la pelota bombeada con la que se defiende el tandilense para atacarle al hueco abierto con su poderosa derecha paralela. Tira, cree, confía. Sufre, también, en la cuarta manga, cuando logra dos breaks de ventaja y en las dos ocasiones los pierde, peliagudo como está el partido, duro como es jugar con el peso de todo un país sobre los hombros. Al mallorquín le cuesta un mundo cerrar el cruce. De palo en palo renace Del Potro. El argentino reclama y encuentra el apoyo de su hinchada. Juega impulsado por su aliento, en él encuentra alas: saca para estirar la final hasta la quinta manga...y descubre la diferencia entre el Nadal del cuarto set y el del primero. El mallorquín rompe de vuelta, iguala el partido y lo gana en el tie-break tras perder el saque cuando servía por el partido.

Es el Nadal de las hazañas, que nunca había logrado el punto decisivo en una final de la Ensaladera. Un tenista triplemente glorioso: por su remontada, por lo mayúsculo del rival, que nunca se rindió y por extender la fantástica racha de España. Son cinco títulos de la Copa Davis y otra final en los últimos once años. En el tenis del siglo XXI, La Roja manda.

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* Por muy alta que sea una colina siempre hay un sendero hacia su cima.*
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