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Tema: Una herida a punto de cicatrizar

Como le pasó al Real Madrid en la Copa del Rey ante el Barcelona, Rafel Nadal perdió ante su gran rival, pero abandonó la pista con la convicción de que a la próxima, la octava, puede ser la vencida. El mallorquín estuvo ayer más cerca que nunca en el último año para derrotar a su auténtica ´bestia negra´, un Novak Djokovic ante el que hay que quitarse el sombrero. Tras una batalla de casi cinco horas dos días antes ante Murray, el serbio aguantó otra durísima jornada de casi seis horas frente a otro guerrero de las pistas.
El partido se decidió por detalles, y también por la irregularidad de un Nadal que, incomprensiblemente, se vino abajo en el segundo y tercer set, sobre todo en este último. Pero como gran campeón que es, recuperó sus mejores sensaciones para adjudicarse el cuarto parcial en una situación límite, como lo es levantar un 0-40 en el último tramo del set. Pero donde realmente perdió el partido fue cuando dejó escapar la posibilidad de ponerse 5-2 en el set definitivo. Una lástima.
Los tres gramos de más en la raqueta, que en teoría le proporcionan más potencia a sus golpes, han sido importantes. Pero como muy bien dice el propio Nadal, no es determinante para valorar el cambio en su juego. Sirve mejor que el año pasado, aunque su segundo servicio siga siendo una bicoca en demasiadas ocasiones. Ha mejorado ostensiblemente el revés paralelo y golpea con la agresividad de antaño con su derecha. Le falta, le faltó ayer, ese punto de suerte siempre necesaria en partidos tan igualados y frente a rivales tan excelsos.
Las palabras de Nadal al término del partido son clarificadoras: "Es la derrota que menos me ha dolido". Porque él es el primero que es consciente de que su juego ha mejorado de cabo a rabo con respecto al pasado año. Nadal está en el mejor camino para acabar con la racha de siete derrotas consecutivas ante Djokovic. Las rachas no son para siempre, bien que lo sabe el mallorquín, que se ha movido entre el número uno y el dos en los últimos siete años. Del Nadal del Masters de Londres al Nadal de Australia hay un abismo. Vendrán tiempos mejores para el mallorquín, que no ha vuelto porque nunca se ha ido. La herida de Djokovic está a punto de cicatrizar.

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* Por muy alta que sea una colina siempre hay un sendero hacia su cima.*
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