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Tema: Dos rivalidades opuestas

Tras el maratón de 5h 53m, ninguno de los dos contrarios está para risas: Novak Djokovic y Rafael Nadal, enfrentados en las tres últimas finales grandes, todas vencidas por el serbio, requieren de una silla cada uno para aguantar sin desmayarse los discursos protocolarios. Sus palabras hacia el otro llegan marcadas por la educación y el agotamiento, pero sin la nota cálida de la gran amistad que hubo. Allá por 2007, por ejemplo, el mallorquín coincidió con el serbio en el Buona Notte, un restaurante canadiense, y le hizo un regalo por el título conquistado en Montreal, pese a haber perdido con él en semifinales: envió a un camarero con una botella de champán a su mesa. Es difícil que ahora se repitiera esa escena. La rivalidad entre ambos ha crecido con sus 30 enfrentamientos, y en una dirección opuesta a la de Nadal y el suizo Roger Federer, presidida por la admiración mutua. Hoy, la relación es correcta, pero el tono ya es otro.

Tras el maratón de 5h 53m, ninguno de los dos contrarios está para risas: Novak Djokovic y Rafael Nadal, enfrentados en las tres últimas finales grandes, todas vencidas por el serbio, requieren de una silla cada uno para aguantar sin desmayarse los discursos protocolarios. Sus palabras hacia el otro llegan marcadas por la educación y el agotamiento, pero sin la nota cálida de la gran amistad que hubo. Allá por 2007, por ejemplo, el mallorquín coincidió con el serbio en el Buona Notte, un restaurante canadiense, y le hizo un regalo por el título conquistado en Montreal, pese a haber perdido con él en semifinales: envió a un camarero con una botella de champán a su mesa. Es difícil que ahora se repitiera esa escena. La rivalidad entre ambos ha crecido con sus 30 enfrentamientos, y en una dirección opuesta a la de Nadal y el suizo Roger Federer, presidida por la admiración mutua. Hoy, la relación es correcta, pero el tono ya es otro.

Tras el maratón de 5h 53m, ninguno de los dos contrarios está para risas: Novak Djokovic y Rafael Nadal, enfrentados en las tres últimas finales grandes, todas vencidas por el serbio, requieren de una silla cada uno para aguantar sin desmayarse los discursos protocolarios. Sus palabras hacia el otro llegan marcadas por la educación y el agotamiento, pero sin la nota cálida de la gran amistad que hubo. Allá por 2007, por ejemplo, el mallorquín coincidió con el serbio en el Buona Notte, un restaurante canadiense, y le hizo un regalo por el título conquistado en Montreal, pese a haber perdido con él en semifinales: envió a un camarero con una botella de champán a su mesa. Es difícil que ahora se repitiera esa escena. La rivalidad entre ambos ha crecido con sus 30 enfrentamientos, y en una dirección opuesta a la de Nadal y el suizo Roger Federer, presidida por la admiración mutua. Hoy, la relación es correcta, pero el tono ya es otro.

"¿Es divertido, no?", ironizó Nadal cuando le preguntaron por los problemas respiratorios del serbio antes de la final de Melbourne. "Vi su semifinal contra Murray por la tele. En el quinto set, cuando se estaba moviendo fantásticamente bien, empezaron a enseñar imágenes del segundo, cuando parecía que estuviera destruido. ¡2h 50m después de aquello estaba perfecto! Es difícil imaginar que tenga esos problemas".

El español define al serbio como un jugador "fantástico y brillante". Toni Nadal, su tío y entrenador, va más lejos: "Si alguien te gana tantas veces seguidas, es porque es mejor que tú". Sienten una admiración técnica y profesional por lo que consigue hacer el genial serbio sobre una pista. Eso sí, lo de volver a enviarle botellas de champán...

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* Por muy alta que sea una colina siempre hay un sendero hacia su cima.*
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