Tema: El ocaso de Federer
Eliminado en semifinales del Abierto de Australia por Rafael Nadal, el suizo Roger Federer ha disputado dos de las diez últimas finales de torneos grandes y lleva sin ganar un Grand Slam desde hace dos años (Abierto de Australia 2010). Hay voces que anuncian su fin y teclados que escriben ya el epitafio de un tenista glorioso, que en noviembre arrolló a los mejores en la Copa de Maestros y que en Melbourne compitió a un nivel excelente. Este es el presente y el futuro de Federer según su máximo rival y su equipo técnico.
“A Federer le cuesta mantener el ritmo alto de intensidad de piernas de los primeros juegos, ese ritmo con el que creo que debería afrontar el juego de Rafael. En cuanto las piernas se le paran un poco, Rafael puede imponer un poco más su juego”, explica Toni Nadal, tío y entrenador del número dos mundial, un hombre que es un profundo admirador del juego del suizo, cuyos puntos a veces aplaude incluso en los duelos que disputa contra su sobrino. “El año pasado”, prosigue el entrenador mallorquín; “jugamos contra Federer en Miami y creí que nunca más estaría arriba. Perdió fácil contra nosotros, sin prestar mucha atención… y no le vi muy preocupado cuando perdió. Pues ya ve: desde entonces, ha estado a punto de ganar Roland Garros, debió jugar la final del Abierto de Estados Unidos, fue el que mejor estaba jugando en Wimbledon… Hay momentos en los que las cosas se te hacen difíciles, y otros en los que tienes un golpe de suerte, o ves la situación diferente, y todo te cambia”.
“Creo”, le continúa el propio Nadal, que también apuesta por la vigencia del tenis del suizo; “que Federer ha tenido un poco de mala suerte en el último año y medio. Pudo ganar más torneos grandes, pero perdió partidos en los que tuvo opciones de victoria”.
El exnúmero uno siempre escribió su propia suerte. A los 30 años, le queda menos tenis del que ha jugado. El ocaso de su carrera, sin embargo, no tiene por qué llegar rodeado de tinieblas. Nadie tiene su facilidad para explotar todos los ángulos del juego. Nadie mantendría como él el deseo tras haber ganado tanto. Nadie tiene la posibilidad de pasar de un día para otro de jugar bien a jugar muy bien. Dicen en la caseta que el problema del campeón de 16 grandes son los cinco sets, que ya se le hacen un poco largos los partidos contra los mejores en los grandes. Es posible que el exnúmero uno desmienta algún día esa teoría. En caso contrario, aún le queda un objetivo para seguir renovando un currículo lleno de brillos: el oro olímpico se compite a tres sets y sobre la hierba de su amado Wimbledon.
* Por muy alta que sea una colina siempre hay un sendero hacia su cima.*
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