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Tema: Tomas Berdych: Si no puedes con tu enemigo, hiérele

4 de julio de 2010. Londres. Pista central. Un reflejo deslumbra a parte del público presente en las gradas. La proyección solar proviene de una brillante bandeja de plata donde reza una leyenda: ‘Wimbledon 2010. Men’s singles Runner Up’. Un tenista checo encara el túnel de vestuarios con rostro meditabundo al tiempo que una tormenta de flashes se desata sobre el campeón. Un pensamiento en la cabeza. “Tomas has perdido. Es más, has vuelto a perder. Que me aspen, es lo mejor que me ha pasado en mi carrera”.
En apenas tres meses de competición, Berdych se ha quitado de encima un lastre de expectativas frustradas acumuladas a lo largo de años. El último paradigma del talento sin frutos parece haber descosido la costura que lo mantenía preso: la regularidad. Ha ganado una batalla ante Federer sobre el cemento de la central del conocido como 'Quinto Grand Slam’ , ha jugado el partido por entrar en la final del torneo más prestigioso sobre la esquiva arcilla y ha deshojado el trébol disputando el duelo por el título sobre la hierba de Londres. Arranca el verano. El desgastado césped dice adiós al curso con diez meses por delante para recobrarse de las heridas. La arcilla da los últimos coletazos en forma de torneos menores. Paso al cemento estadounidense bajo el abrasador sol del estío. Berdych, un contendiente habitualmente llamado a filas como convidado de piedra, acude a la cita en calidad de aspirante a todo. Se combinan dos factores: momento dulce y superficie fetiche -cemento al aire libre-. Tiempo por delante para cobrar, junto a su imponente juego, réditos añadidos por su renovada autoridad.
11 de noviembre de 2010. Tomas vuelve a abandonar reflexivo una cancha. Esta vez el pensamiento es opuesto al experimentado cuatro meses atrás. Tres años y cuatro meses más tarde ha vuelto a recibir un rosco. Con un balance pésimo tras Wimbledon (8-10) no ha cumplido las expectativas generadas a marchas forzadas en la primera mitad de temporada. Esas mismas que contemplaron su estancamiento como promesa, lo han visto desfallecer cuando alumbraba halos de realidad.
En cualquier disciplina las rachas son importantes. En un deporte individual su relevancia torna capital. La dimensión mental del tenis es tan amplia que la incidencia del ahora puede ser decisiva. Y Berdych llega a Londres en un momento lamentable. No obstante, la cuerda que sostiene la inspiración tiene en el tramo final del curso su versión más fina y delicada. Próximos a fechas señaladas, la suerte tiende a mudar de barrio con relativa frecuencia.
A día de hoy, el checo es sinónimo de incertidumbre
Es la gran incógnita del torneo y sobre su papel puede girar el devenir de la semana. Contradiciendo al imaginario popular, Berdych nunca ha disfrutado bajo techo. Más allá del título logrado en París, sus actuaciones han sido discretas. El vuelo bajo de la bola incomoda sobremanera el impacto de un tenista cuya estatura roza los dos metros. La clave pasa por su servicio e imponer ritmo desde la primera bola. Con una probada gestión del éxito más eficaz desde el anonimato que desde el protagonismo, obtuvo resultados brutales cuando pocos le esperaban, antes del verano. En Londres disfrutará de su anhelado factor sorpresa, partiendo de un discreto segundo plano, cerrando quinielas.
Siendo el único debutante en el torneo de maestros de 2010 y el único del plantel que no ha levantado un trofeo en el presente curso, el checo aterriza con la menor presión del cuadro. Sin haber batido a un Top30 desde Wimbledon, regresa a la capital inglesa sin nada que perder. Un pleno de derrotas ante los ocho mejores jugadores del mundo no empeorará lo hecho hasta la fecha. Berdych viene en busca de confianza y tiene licencia para soltar el brazo.
Tomas es un tenista evolucionado, con un revés y un desplazamiento lateral mejorados y un juego en red con el que, a pesar de estar en desarrollo, su amplia envergadura ha comenzado a cernir cierta sombra entre los nudos. Así, depositará buena parte de sus opciones en un servicio demoledor y una derecha abrasiva. Dotado de una defensa de fondo inferior a la presentada por muchos de sus compañeros en las islas, el checo debe hacerse fuerte en el intercambio corto. Precisa pista rápida. La pista de Londres es veloz como pocas. Suelo duro que favorece el juego directo, ennoblece ataques plebeyos y esconde miserias –y el checo trae el saco lleno de esto último-. Pocos apuestan, con razones justificadas, que sobreviva al grupo. No obstante, es de esperar una versión ultraofensiva de Berdych. Un rival incómodo que morirá empuñando el 'grip' con fuerza. Cuidado.

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* Por muy alta que sea una colina siempre hay un sendero hacia su cima.*
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