rafael nadal, dubai, 2006Tapada la cara por la toalla, sentado sobre el banco de la pista central y envuelto por el calor de la afición, Rafael Nadal sollozó compulsivamente hasta que habló para el público y alzó la copa del torneo de Dubai. Levantó el trofeo tras sobreponerse al arreón inicial, plástico y hermoso, del mejor, del suizo Roger Federer.

La fuerza mental del español le otorgó un doble triunfo; no sólo batió a Federer, sino que demostró estar recuperado físicamente después de cuatro meses a un ritmo muy ligero por dolorosas y continuas molestias en la rodilla y el pie. En poco menos de dos horas, con un 2-6, 6-4 y 6-4, Nadal paladeó de nuevo el sabor de la victoria y recuperó el título de aspirante a número uno.

El manacorí se estiró sobre la lona para llorar de felidiad. “Esta victoria es especial porque salgo de una lesión y porque le he ganado al mejor tenista de todos los tiempos“, reconoció Rafael Nadal. A lo que Federer respondió decididamente: “Disfruto jugando con él y estoy convencido de que nos veremos muchas veces en el futuro”. Los duelos entre uno y otro resultan emocionantes tanto en la pista como en la grada porque, siendo ambos los mejores, son antagónicos en su forma de jugar.