Los tenistas con más Grand Slam de la historia

Los tenistas con más Grand Slam de la historia

Roger Federer – 20

Rafael Nadal – 18

Novak Djokovic – 15

Pete Sampras – 14

Bjorn Borg – 11

Estos son los tenistas que más Grand Slam en la historia del tenis. Son los mejores del mundo, Roger Federer (310 semanas como número 1) y Rafael Nadal (196 semanas como número 1) siguen ganando todo lo que pueden y le dejan las lesiones. Por detrás el que más fuerte viene, y el único a día de hoy, Novak Djokovic (255 semanas como número 1) que por ley de vida… en teoría jugará algún año en el que ya no estén ninguno de los dos que están por encima de él. Ese momento no queremos verlo y aunque parece inevitable, mejor ni pensar en ello, a disfrutar de los dos más grandes, los que han enganchado a millones de personas al deporte más bonito que existe, el tenis.

2 respuestas a «Los tenistas con más Grand Slam de la historia»

  1. perdona Pablo de poner esta carta que no es de mi cosecha. . pero que tu Web merece por tu dedicacion …Refleja el sentir y la pasion de todos los nadalistas….incluyendote……..Por Rafael Nadal ….que es algo más que un tenista….
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    CARTA A RAFAEL NADAL

    Hola, Rafael, no voy a ser muy original. Es imposible serlo cuando existe tal consenso. Además, hace diez años que me quedé sin palabras ocurrentes, cuando escribía en El Confidencial crónicas y análisis de sus victorias y contratiempos. Me tiré el siguiente lustro repitiéndome groseramente. Sé que a mis compañeros periodistas les afecta el mismo mal. Nos ha dejado a todos literalmente sin palabras.

    Por eso no voy a gastar renglones para describir lo que todos sabemos. Me gustaría aprovechar esta privilegiada ventana que tengo para hablarle de cómo le veo desde mi situación. Yo he sufrido una terrible derrota, una enfermedad salvaje truncó mi proyecto vital cuando me encontraba en el mejor momento. Según todas las estadísticas de supervivencia media, ya no debería estar aquí. Desde 2016, veo sus partidos postrado en la cama, sin poder moverme. Yo soy un hombre de fútbol, es de las pocas cosas de las que me atrevo a hablar con firmeza y propiedad. Pero por suerte, mis ojos de futbolista me permiten disfrutar de otros deportes sintiendo cercanos sus complejidades y desafíos.

    Desde mi modesta afición al tenis de élite, su carrera la he vivido con el gozo y la pasión que comparto con millones de personas en todo el mundo. No soy de idolatrar, ni siquiera a aquellos que me transmiten alegrías y sensaciones inolvidables, pero con usted la admiración es estratosférica. Me he preguntado muchas veces qué es lo que más me engancha de su trayectoria. No es el éxito, eso lo tengo claro, es ruin querer a alguien sólo porque le va bien en la vida. La superación de la adversidad física es lo más épico de sus andanzas, sin duda, pero creo que aún valoro más otras virtudes. En lo estrictamente deportivo me fascina la capacidad de concentración y la templanza en los momentos cruciales, y por supuesto su facilidad para ser más tenaz que todas las estrategias de sus oponentes, lo que a menudo los lleva a la desesperación más absoluta. Asisto a sus derrotas desde el convencimiento de que la frustración por los errores cometidos pesa mucho menos cuando se ha vaciado para jugar al límite de sus posibilidades y conocimientos. Siempre tengo la sensación de que así ha jugado. Todas estas capacidades y otras muchas, como las mejoras en su juego que constantemente incorpora gracias al entrenamiento diario, son grandiosas. Pero, por encima de todo, es su carácter, su actitud, lo que de verdad me engancha a su figura. Y lo que explica todo lo anterior.

    Antes de enfermar, ya sentía familiaridad con su manera de estar en el mundo, supongo que más por querer para mí ese arsenal de recursos psicológicos que porque verdaderamente los poseyera. Recuerdo sentir esa sensación cuando le vi de cerca por primera vez, en un pasillo de la Caja Mágica en el Masters de Madrid de 2010. Creo que esa identificación basada en deseos es la que sentimos sus seguidores, más concretamente los que somos compatriotas suyos, los que compartimos parecido espacio sociocultural. Y a la vez, creo que, fuera de nuestras fronteras, los extranjeros nos identifican a todos los españoles a través de su carácter. Más allá de los tópicos y sin caer en patriotismo barato, porque aquí hay igual de malas personas que en todos lados, sí pienso de verdad que usted, Rafael Nadal, es un motor de nuestra identidad colectiva, sea ésta la que sea.

    Cuando me vi ante los cuernos de la vida, en esos momentos donde no te puedes esconder de ti mismo, peleé (y sigo haciéndolo) con las únicas armas que tenemos, aquellas forjadas durante toda nuestra existencia, desde chavales. Si bien sea inexacto afirmar que alguna de ellas la tengo gracias a usted, sí estoy convencido de que su inspiración omnipresente me ha mostrado que el camino correcto es siempre empuñar nuestras armas con firmeza, nobleza y determinación, para vencer todos los miedos. Incluido el más grande, aquél que tenemos todos los seres humanos a la derrota irreversible.

    Supongo que pensará que estoy exagerando, que sólo es un mero jugador de tenis. Pero no se subestime. El deporte es cultura. Y el deporte es educación. Y si Cervantes o Goya nos retrataron y nos sirven de referentes a través de su ingenioso trabajo de reflexión, usted hace el mismo papel desde su intuitivo movimiento sobre una pista de tenis. No tengo ninguna duda: cuando hago balance de lo mucho que he perdido por la enfermedad y lo poco que me ha dejado intacto, el resultado me sigue dando positivo por pequeños grandes placeres como, por ejemplo, seguir viéndole con una raqueta en la mano. La vida merece un poco más la pena gracias a que existe nuestro Rafael Nadal. Atentamente, Carlos Matallanas.


    Carlos Matallanas es periodista, padece ELA y ha escrito este artículo con las pupilas.

  2. Rafa reconoció que se planteó muy seriamente renunciar a Roland Garros debido al mal momento que estaba atravesando:
    “En esta vida no se trata solo de ganar y conseguir títulos. La felicidad adquiere mucha importancia que ganar y en ese momento estaba con muchas dudas. En los meses precedentes me desbordaron los problemas físicos con dolores más fuertes que los que estaba acostumbrado a aguantar. En un deporte como el tenis, así no se podría vivir e incluso te hacía perder alguna pasión. Me sentía como si hubiese perdido la energía”
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    Rafa confesó lo duro que fue ver como su nivel estaba muy por debajo a lo que acostumbraba en Montecarlo y Barcelona
    “Tras la derrota ante Fognini, decidí reunirme con mi equipo, para analizar lo que estaba pasando. El de Fabio en Montecarlo fue mi peor partido en tierra en los últimos catorce años y contra Mayer todavía lo superé. Estaba muy fatigado mentalmente y no me sentía como era yo mismo. Quería jugar a tenis, pero mi tolerancia al dolor estaba superada y me costaba ser positivo. Nunca antes había sufrido un bache como éste. Lo hablamos en Montecarlo y decidimos ir a Barcelona. Empecé a sentirme bien, motivado, pero llegó el partido contra Mayer y no sentí nada. Ni energía, ni ganas, ni pasión”,
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    Rafa tras el bache que estaba pasando, pensó muy seriamente en parar durante unos meses para intentar recuperarse al 100%,
    “Pensé muy seriamente en parar durante un tiempo, pero nunca en dejar el tenis.
    Solo pensaba en la posibilidad de parar para recuperar mi cuerpo y mi espíritu deportivo. No sé cuánto tiempo iba a llevar a ello, quizás hasta final de año o menos. Si hubiera optado por parar entonces no habría venido a Wimbledon, porque parar para un mes no tendría ningún tipo de sentido”.
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    su pasión por el tenis y su inspiración de intentar superarse a pesar de los malos momentos, hizo que Rafa consiguiera ganar dos títulos y volveriera a engancharse a la competición:
    “Encontré la inspiración para poder continuar. Pensaba que si tenía la actitud adecuada, volvería a ser competitivo y se trataría de modificar lo que debía cambiar. Mi equipo planteó saltarnos Madrid e ir directamente a Roma y a Roland Garros, pero yo ya había decidido no parar, y mucho menos parar en Madrid, un torneo diferente para mí por el simple hecho de jugar en casa delante de todo mi público”.
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    Rafa habló de lo que hubiese cambiado si las lesiones le hubieran respetado en los torneos importantes:
    “Me gustaría poder haber jugado siempre al máximo nivel en los Grand Slam y en los Masters 1000 en los que no he podido estar a causa de las lesiones, pero es lo que hay. Las lesiones es algo muy normal en los deportistas de élite, pero considero que yo he sufrido mucho más que otros. Ahora he hecho todo lo posible para ser competitivo en Wimbledon y debo continuar jugando con la actitud correcta”,

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